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En el proceso de terapia pareja, lo primero que hacemos como terapeutas es trabajar para crear un vínculo con la pareja. Buscamos ver a cada una de las personas y valorar los pilares fundamentales de su vida. Exploramos en que momento de sus vidas está cada uno, como está cada uno en el trabajo, a nivel profesional y de satisfacción, en la familia, respecto a la vida social, hobbies y proyectos. Exploramos también cómo está cada uno a nivel de autoestima y seguridad. Evaluamos en qué momento del ciclo vital está la pareja y buscamos entender los retos que se presentan en la etapa actual de su ciclo. 

Como terapeutas, primero buscamos conectar con el valor intrínseco y con la luz de cada persona. Esta parte de la persona es la fuerza de vida y la mayor aliada de la terapia. Luego buscaremos entender cómo funciona su necesidad de autonomía y cómo la protege con sus defensas. Además, valoramos cómo cada persona busca satisfacer su necesidad de nutrición emocional en la conexión con el otro, y cómo maneja su vulnerabilidad en este proceso de búsqueda de conexión.

En la relación de pareja, los conflictos surgen cuando las defensas que protegen la autonomía de uno le hacen daño al otro. Cuando la comunicación se hace desde un lugar de defensa y no desde un lugar de vulnerabilidad. 

Tras conocer brevemente cada una de las personas de la pareja, el siguiente paso del proceso se centra en formular una hipótesis diagnóstica relacional que tenga sentido y sea aceptada por los dos. Para eso, exploramos el problema y hacemos un análisis de la demanda que motivó a la pareja a buscar ayuda profesional. Analizamos las dinámicas relacionales, las necesidades individuales y los mecanismos de defensa de cada uno, y formulamos hipótesis que buscan explicar el problema y que orientarán nuestras intervenciones. 

Tras compartir el diagnóstico relacional con la pareja, nos centramos en definir los objetivos para el proceso. Se trata de rescatar lo que uno busca con la terapia, respecto a los cambios que espera en la relación de pareja. 

Este cambio buscado orientará nuestras intervenciones. En la intervención, nos centraremos en la salud emocional de las personas, que depende de la salud relacional y la salud social. Para promover la salud relacional de la pareja, buscaremos un equilibrio entre autonomía, conexión y valor. 

El objetivo general de las intervenciones es ayudar a poner palabras en lo que la emoción sabe y la razón no puede nombrar. Trabajamos con los niños interiores para dar voz a sus necesidades emocionales no atendidas. Buscamos entender si el desequilibrio en la relación viene de objetivos y necesidades frustradas o no atendidas en una de las personas de la pareja, o en ambas. Se trabaja para que cada persona pueda ver y cuidar del niño interior de su pareja. Respecto a este aspecto, el terapeuta tiene que poder ofrecer una casa en que quepa cada una de las individualidades, un lugar en que cada uno se pueda sentir digno y válido. 

Indagaremos también sobre las dinámicas de poder en la relación de pareja, analizando la posición que cada uno ocupa en la dinámica disfuncional y la responsabilidad de cada uno en generar y mantener esta dinámica. Para intervenir en las dinámicas de poder, nos orientamos por el principio de que si uno gana y el otro pierde, en términos de sistema, la pareja pierde.  

Respecto a la dinámica relacional, la posición del terapeuta no es objetiva, no actuamos desde la supuesta objetividad ni como jueces en el proceso, estamos en una posición subjetiva, en que miraremos las necesidades, defensas y responsabilidad de cada uno. El terapeuta dirá cosas que pueden ser duras de oír, pues se trabaja enfocando en la parte de responsabilidad que cada uno tiene en el problema. Trabajar las responsabilidades es una forma de ayudar a las personas a que se ocupen de la manera que se comunican y a poner límites cuando la manera del otro comunicarse, actuar o reaccionar cruza estos límites. Desarrollamos los límites de lo que es o no tolerable en la relación, para que cada persona pueda decir “No, así no” y que el otro pueda buscar maneras de expresar lo que siente o necesita sin hacer daño ni suponer una amenaza a la seguridad de su pareja.

 

Estas reflexiones fueron escritas a partir de la formación: